“Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...”. El principito
Pocas son las voces que hoy en día cuestionan la necesidad de establecer un periodo de adaptación en la incorporación de los niños a la escuela infantil, pero sin embargo sí hay quién opina que se está exagerando su importancia, poniendo en duda que los primeros días vayan a marcar de forma decisiva el resto de la escolarización.
En primer lugar, y antes de entrar en este debate…¿qué entendemos por periodo de adaptación? Es el proceso mediante el cual, a través de diferentes etapas, el niño se va a acostumbrado y aceptando su incorporación al medio escolar, que en un principio le es desconocido en todas sus dimensiones (educadoras, compañeros, espacios, materiales…), suponiendo además en muchos casos la primera separación del niño de su ambiente familiar y sobre todo de su figura de apego. En este periodo será esencial proporcionarle seguridad emocional al pequeño.
Cuando yo empecé el colegio, párvulos en aquel entonces (suena a Pleistoceno!), no había nada parecido al periodo de adaptación, llegaba un buen día y empezabas el cole sin más historias…Este planteamiento es el que utiliza alguna gente para cuestionar su necesidad, decir que hasta hace poco los niños empezaban la escuela sin periodo de adaptación “y no les pasaba nada”. Otras opiniones van en la línea de que se exagera la importancia de los primeros días de escuela, relativizando que éstos vayan a marcar la evolución posterior del niño. En este sentido alegan que tampoco es tan grave que la entrada al colegio sea vivida de forma angustiosa, ya que todos se acaban acostumbrando y al final lo que importa no es el inicio del camino, si no toda la trayectoria recorrida.
Por supuesto, no estoy de acuerdo con estas posturas, por varios motivos. En primer lugar, que algo se hiciese mal antes, no es excusa ni justifica que se siga haciendo del mismo modo. ¿Y que no les pasa nada? Afirmar eso es conocer muy poco (o más bien respetar muy poco) las necesidades de los niños.
Creo que hay que tener en cuenta algo que me parece determinante…actualmente ya no hablamos de niños de tres o cuatro años que se incorporan por primera vez a la escuela…ya no sólo hablamos de esos niños. Creo que hay que tener presente que en la actualidad los niños se ven obligados a abandonar el entorno familiar (bueno, quizá abandonar suena muy radical) e iniciarse en la escuela desde muy pequeños, estamos hablando de bebés desde cuatro meses…creo que sí les pasa algo cuando se les separa de su figura de apego, cuando se sustituye su entorno natural por otro institucionalizado y desconocido, cuando son suficientemente mayores como para sentirse abandonados y demasiado pequeños como para entender el concepto de que “mamá vendrá después”. Y a ese algo que les pasa o les puede pasar es a lo que tenemos que mirar y prestar atención, procurando poner todos los medios para que la transición sea lo menos traumática posible, ofreciéndoles la mejor de las acogidas.
Quizá es verdad que los primeros días no tiene porque marcar el éxito escolar futuro, y aunque un niño haya vivido con ansiedad su incorporación a la escuela no quiere decir que en el futuro no vaya a adaptarse. Pero…¿y qué? Si respetamos a los niños, como educadores, como padres, como abuelos, como vecinos…ha de importarnos cada momento de angustia que tengan. Los mayores pensamos en el futuro, vemos a largo plazo…pero los niños viven el ahora, el presente, y en ese presente, si están sufriendo, debemos darles una respuesta. ¡Nunca debemos de dejar de ponernos en el lugar de los niños! Una entrada positiva en la escuela siempre facilitará todo lo que venga después.
Como decía pocos son los que hoy en día ponen en duda las bondades del periodo de adaptación, quiero pensar que esto muestra una tendencia hacia un mayor respeto hacia la infancia y sus derechos…pero…
…pero…¿todo es tan idílico en el día a día de las escuelas infantiles? En muchas ocasiones el derecho del niño pasa a sacrificarse por otras cuestiones como es la imposibilidad de los padres de estar disponibles durante todo el periodo de adaptación (ojo! No hay que culpabilizar a los padres por esto…algo falla en el sistema cuando el tiempo dedicado a los hijos, es el tiempo que “sobra”), con lo que a veces en dos días éste se “ventila” , también se puede hablar de falta de flexibilidad en su aplicación (no todos los niños son iguales!), tiempos casi inexistentes para compartir espacio familia y niño… Entiendo que es difícil compaginar lo que “debería ser” con lo que “tiene que ser”…pero éste ya es otro tema…

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