Es un tiempo sobre todo pensado desde la perspectiva del niño, que llega a un sitio nuevo, desconocido para él y necesita ir familiarizándose con él de forma paulatina. La incorporación será pues pausada y gradual, teniendo siempre presente las características de cada niño y sus necesidades.
A las familias se les habrá facilitado en una reunión previa un horario individual para cada niño.
A las familias se les habrá facilitado en una reunión previa un horario individual para cada niño.
Los niños que ya hayan estado el año anterior en la escuela infantil no van a necesitar un periodo de adaptación tan largo, ya que conocerán a las educadoras, los espacios y los ritmos del aula. Con todo, se les indicara a las familias que los primeros días no permanecerán en ningún caso durante una jornada completa. Comenzarán por una hora, y se irá incrementando progresivamente el tiempo de estancia hasta alcanzar la jornada normal al final de la primera semana. Si detectamos alguna regresión o dificultad en alguno de los niños veteranos, se prolongará su periodo de adaptación una semana más.
El resto de los niños, los que acuden por primera vez, se dividirán en grupos de cinco, con horarios diferentes, de forma que no coincidan con los demás en los primeros días en el aula. El objetivo es crear un ambiente más tranquilo y sobre todo poder ofrecerles por parte de las educadoras una atención más individualizada.
Comenzarán por estar media hora, el primer día, para ir aumentando progresivamente el tiempo de estancia (media hora más cada día), hasta hacer la jornada completa los dos últimos días de la segunda semana. En este momento, lógicamente, ya todos los niños del aula habrán compartido el espacio.
Los niños también necesitan organizar interiormente su tiempo, y a estas edades esto se consigue a través de las rutinas, por lo que ya desde el principio las iremos introduciendo, dándoles un marco de referencia que les proporciona seguridad.
Comenzarán por estar media hora, el primer día, para ir aumentando progresivamente el tiempo de estancia (media hora más cada día), hasta hacer la jornada completa los dos últimos días de la segunda semana. En este momento, lógicamente, ya todos los niños del aula habrán compartido el espacio.
Los niños también necesitan organizar interiormente su tiempo, y a estas edades esto se consigue a través de las rutinas, por lo que ya desde el principio las iremos introduciendo, dándoles un marco de referencia que les proporciona seguridad.
También hemos de prever los tiempos de las familias, estos no están tan predefinidos, así el tiempo que cada padre esté con su hijo dentro del aula dependerá de la evolución individual del pequeño, de cómo se adapte a este nuevo contexto. En este aspecto, la experiencia del educador va a ser fundamental para saber leer las señales que indican que le niño está preparado para permanecer solo en el aula, y no alargar así el acompañamiento más tiempo del necesario.
Por su parte, los educadores también tendrán que haber planificado sus propios tiempos. Los primeros días, en los que tendrán periodos sin atención educativa, podrán dedicarlos a labores como preparación de las agendas, anotaciones en anecdotarios, preparación de material para subir al blog de la escuela infantil, etc.

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